Cuenta una historia que, al dar la media noche, la Muerte tiene el poder de aparecerse en los cementerios. Tocando su violín, llama a los muertos, mismos que salen de sus tumbas para bailar hasta el amanecer.
A través de los siglos se han creado diversas formas de la tradición de la Danza de la Muerte. En la Edad Media, la Danza Macabra era un recordatorio de que todos vamos a morir, ya que para esto no hay distinción entre los hombres. La Muerte se aparece a ricos y pobres, a jóvenes y viejos, a hombres y mujeres. A pesar de no querer seguirla, todos vamos tras ella en un baile que nos lleva a la tumba.
En 1874, el músico francés Camille Saint-Saëns compuso una pieza orquestal que nos permite imaginar con detalle esta danza.
Saint-Saëns se interesó en la tradición de la Danza Macabra tomando como base un poema referente a ella de Henri Cazalis (1840-1909), escribió una canción para voz y piano. Un par de años más tarde, basado en el mismo texto, Saint-Saëns compuso un poema sinfónico con el título de Danza Macabra, Op. 40.
Un poema sinfónico es una pieza de música orquestal basada en un “programa”, es decir, en un escrito que se da al público antes de escuchar la obra. La presentación en 1875 no tuvo mucho éxito. El público se escandalizó por los efectos sonoros de la pieza, dado que resultaban demasiado novedosos para la época. Cuenta la historia que el estrépito que hizo el público de París tras la primera presentación de la Danza Macabra causó que la madre del compositor se desmayara.
Franz Liszt, amigo de Saint Saens, defendió la obra a tal punto que escribió una versión para piano solo. En nuestros días, junto al Carnaval de los animales, la Danza Macabra es una de las obras más populares de Camille Saint-Saëns.














